Silvina, una dulce niña de trece años que es rechazada por sus
compañeros, nadie quiere jugar con ella, se ha dado cuenta que la única que
pasa con ella en los recesos de la escuela es una perrita a la que nombró
Agatha.
Ambas se alegran mucho de pasar juntas un par de minutos todos los días,
cada vez que suena la campana, Silvina corre al jardín de la escuela, dónde
Agatha siempre está esperándola y la recibe con el feliz movimiento de su
cola.
Ellas comparten su tiempo, su compañía, su amor y su alegría, desde hace
dos años, cuando los papás de Silvina se mudaron a esa nueva ciudad y
comenzaron desde cero. Mientras los compañeros de Silvina no la aceptaban,
Agatha poco a poco se le acercaba y le ladraba para llamar su atención, desde
entonces han sido mejores amigas en la escuela.
De pronto Silvina siente un interés mayor por adoptar a Agatha y
llevársela a su casa, porque siempre al despedirse pasa momentos muy dolorosos
al tener que dejar atrás a su mejor amiga; investigando con el vigilante de la
escuela se dio cuenta que Agatha es callejera, no tiene una familia y solo la
tiene a ella, a quién le entrega todo el amor que tiene en su gran corazón.
Al darse cuenta Silvina de la dura realidad que vive cada día Agatha, se
siente terrible de no haberla adoptado antes, pero lo peor es que es una perra
ya anciana y no le queda mucho tiempo de vida, Silvina, devastada, habla con
sus padres y les suplica que la dejen traerla a casa, ellos ante la insistencia
de la niña deciden aceptar su petición y permitir que la dulce Agatha viva en
su casa.
Esa misma tarde fueron a buscarla a la escuela y Silvina lloró
desconsoladamente al ver que Agatha estaba revisando en un basurero qué podía
comer y una señora le pegó una fuerte patada para que se fuera, la triste realidad
de Agatha enterneció aún más el corazón de la pequeña, al ver lo que pasaba
cuando ella no estaba en la escuela y Agatha se quedaba sola e indefensa, en
ese momento aumento su deseo de tenerla en casa y darle mucho amor, cuidados y
comida.
Al llegar a casa, Agatha no podía creer que todos sus años de
sufrimiento, hambre y maldad humana habían terminado, la llevaron al
veterinario y sólo le quedaban pocos meses de vida por haber sufrido tanto
descuido y mal nutrición, Silvina se lamentaba de no haberla adoptado antes y
haberla cuidado mejor, pero pensó que lo mejor era hacer que los meses que le
quedaban fueran inolvidables y así Agatha tuvo días llenos de amor y felicidad
en un hogar, con una familia, era su sueño hecho realidad.
Si Silvina no hubiera tomado esta decisión, Agatha hubiera sido un perro
más que vive en la calle toda su vida atravesando infiernos a diario. Agatha
vivió 2 años con su familia adoptiva, a pesar de que el veterinario diagnosticó
que viviría menos, se demostró, una vez más, que el amor todo lo puede.
Cuando murió Agatha, Silvina sufrió mucho y decidió no tener más perros,
pero un día se fijó que había un perro callejero que tenía los mismos ojos que
Agatha, su ángel, así que no pudo resistir y lo llevó a casa.
Pasaron los años y Silvina ya era adulta, tenía más de treinta perros y más
de 10 gatos porque no quería que más animales pasaran lo que Agatha sufrió sin
merecerlo, había ido rescatando de uno en uno a lo largo de los años y no
pensaba detenerse.
Silvina era admirada por sus vecinos, la nombraban "la rescatista
de ángeles" y recibía apoyo de muchas personas, quienes querían aportar un
granito de arena para el cuidado de los animales a los que ella había rescatado
de la calle y les había dado una segunda oportunidad.
Silvina daba charlas e insistía en que la realidad de los animales
callejeros es muy dura, aguantan hambre, están deshidratados, con dolor, además
no solo están expuestos al sol fuerte, a las lluvias y al frío, sino también a
la maldad y crueldad de muchos humanos, así mismo, Silvina les recordaba a
todos que no los abandonen nunca, ellos son seres vivos que también merecen
respeto, libertad, cuidados y amor.
Muchas personas empezaron a acoger perros en su casa, otros a darles
comida o agua si veían alguno en la calle, porque podía tener ya varios días
sin comer o con sed.
Silvina hizo muchas campañas en defensa de los derechos de los animales
y luchó para generar conciencia en las personas e inculcarles valores,
haciéndoles saber que la vida animal vale tanto como la humana, y que debemos
amar a los animales, por su bondad, dulzura, compañía y lealtad, sin abusar de
ellos, sin golpearlos, sin maltratarlos, sin tenerlos amarrados, sin comida y
sin amor.
Sin duda, Agatha estaría orgullosa y agradecida con Silvina por ser un
ser humano increíble y maravilloso, no hay duda de que Silvina, la rescatista
de ángeles, es un alma muy bondadosa, un ejemplo a seguir y una mujer digna de
admirar.
Comentarios
Publicar un comentario